Polarización mediática y crispación política

El polémico magnate de la FOX, Roger Ailes, decía que lo importante no era que el público estuviera sino que “se sintiera” informado. En “The Loudest Voice”, serie protagonizada por Rusell Crowe, el actor australiano encarna a un Ailes cuyo ideario utiliza los valores que emanan del patriotismo para ocultar una doble moral, a causa de un comportamiento despótico que deriva en escándalos sexuales cuyo resultado será la caída final del empresario. El final de Ailes coincidía precisamente en el tiempo con la proclamación de Donald Trump como candidato republicano para las elecciones de 2016. 

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La polarización política ya no supone guerras por la ideología como en el siglo pasado, pero divide al país en lo más importante de nuestro modelo de convivencia. Como en tantas cosas, EE.UU marcó el camino y la división efectuada por el ejecutivo de Donald Trump dibujó la franja en el país entre seguidores y contrarios al mandatario. El movimiento Black Lives Matter generó un enfrentamiento violento en las calles, con numerosos heridos y varios muertos en algunas manifestaciones tras el asesinato de George Floyd. La extrema derecha blanqueada en los parlamentos norte-americanos y europeo no dejan ver en el horizonte una mejora de los valores y la solidaridad, cada vez más enraizada en la disputa por la cuota de protagonismo que provoca la crisis migratoria, hoy más de actualidad que nunca con el campamento instalado en las Islas Canarias y cuyos refugiados son tomados como intereses de intercambio en la mercancía política.  

La manera en que nos informamos a través de las redes sociales, con el peligro de poder creernos algunos de los bulos y “fake news” que recorren internet, tiene hoy una influencia decisiva a la hora del escrutinio electoral. Las formas de comunicación han cambiado tanto que parece que ya no haga falta hablarnos los unos a los otros cara a cara. Hay motivos para la esperanza, sin embargo. Por ejemplo, el tráfico de llamadas de voz ha aumentado un 20% estos meses de pandemia (El País) 

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También es positiva la mejor valoración de la educación presencial, que sigue constituyendo la base de un aprendizaje en el que los escolares se sienten acompañados y muchos dejaron atrás problemas de ansiedad provocados por el aislamiento y la distancia. Y como, casi siempre, la solución está en la educación que demos a nuestros hijos ahora y en el futuro. La lucha contra el uso indiscriminado de las redes sociales por parte de los adolescentes y una digitalización del mundo con sentido común.

 

Un movimiento en contra de la desconexión del mundo real, la generación de una conciencia ecológica y la desvinculación de la idea de bienestar que genera la adicción a los móviles y a las redes sociales, al juego y a la creación de una auto-imagen superficial. Tecnología, humanismo y educación para subsanar errores de la mal entendida Sociedad del Conocimiento. 

Publicado por Nacho Olmedilla

Periodista deportivo

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